Publicado el 11 de abril de 2018 | Primera Hora
Por Femy Irizarry Álvarez

Tres personas que han luchado contra la adicción comparten sus testimonios de la oscuridad que se vive en ese mundo.

Esteban (nombre ficticio) tiene 64 años y asegura que hace 13, vino “a morir a Puerto Rico”.

Su dependencia al crack, perico, percocet, marihuana, heroína, cerveza y “todo lo que apareciera” lo sepultó en un mundo que parecía no tener salida.

Tuvo nueve hijos, “todos regados”; fracasó en sus matrimonios, no tenía paz y no sabía lo que era ser feliz.

“El doctor me dijo que ya me quedaba poco. Supuestamente, ya para mí no quedaban medicaciones, porque las dañaba metiéndome heroína. Vine aquí (de Estados Unidos) porque no había de otra. No podía salir del atolladero en que estaba. Es más fuerte que uno. Es inexplicable que uno queriendo salir de eso, despierta en el punto cuando ya cometió el error”, narró Esteban.

Fue gracias a la medicación con “suboxone” que logró salir de su dependencia que empezó a los 19 años.

“Descubrí que la medicación era la que estaba haciendo el trabajo… que hacía que no pensara en la droga. Lo que hace es un milagro. Le puedo decir que para un adicto a drogas es volver a nacer. Llevo nueve años que no me meto droga de ninguna clase”, dijo al aceptar que estuvo en muchos programas, es VIH positivo y estuvo preso durante 14 años, en distintas ocasiones, en la Isla y los Estados Unidos.

Un cuadro similar experimentó María, también nombre ficticio, pero con medicamentos recetados para migraña, como el nubain, que los adquiría sin receta.

“Al principio era bastante fácil… Ya cuando exigían recetas uno siempre busca un médico amigo, un primo, amigo del hermano… Uno hace los famosos cuentos que no eran verdades”, confesó la mujer de 44 años, quien es paciente de epilepsia y migraña crónica.

Empezó con el nubain a los 20 años, cuando los dolores de cabeza duraban semanas.

“Ya había dicho: ‘no aguanto más’. Uno se siente un esclavo… más tengo un hijo de 20 años (que es Marine) y quería que él siempre se sintiera orgulloso de su madre”, indicó.

En el caso de Aníbal, a quien también se le protege la identidad, su abuelo y su padre eran alcohólicos y él juraba que nunca iba a caer.

La tristeza y la presión de grupo lo llevó hace diez años al consumo; luego mezclaba el alcohol con medicamentos.

“El alcohol era mi chilla, mi amante, mi todo. Prefería estar casi tres días inconsciente que estar con mi familia”, confesó. “Tenía la mentalidad de que el problema no era yo”, aceptó el hombre de 37 años y padre de una niña de 4 años.

Servicios gratuitos pa’ salir de la oscuridad

La transformación de Esteban, María y Aníbal se dio de la mano del Programa Integral de Acceso a Tratamiento, Recuperación e Integración Comunitaria (PITIRRE), una clínica especializada gratuita en la terapia integral de personas con uso problemático de drogas, que ofrece sus servicios gratuitos desde el Hospital Universitario doctor Ramón Ruiz Arnau en Bayamón.

En aquel lugar, creado hace seis años, se respira paz, alegría y mucho amor.

El espacio nació para que “la persona tuviera fácil acceso al tratamiento (para salir de la adicción)” y derrumbar “las barreras estructurales que le ponen y que no permiten acceso adecuado en el momento en que lo necesita”, sostuvo el doctor Juan Nazario, director del reparador proyecto.

Al participante “le decimos: ‘este es el lugar para ti y vamos a trabajar contigo de la manera que mereces, como persona digna que tienes una enfermedad’”, indicó el galeno que labora en el programa impulsado por Iniciativa Comunitaria.

Anualmente allí, 500 participantes reciben tratamiento asistido con buprenorfina (para tratar adicciones a opiáceos), terapia grupal y ocupacional, psicólogos, psiquiatras, capellanía, y servicios de apoyo para familiares y cuidadores de los usuarios.

Estadísticas del centro -que recibe $1.4 millones- arrojaron que el 53% de sus participantes logran periodos sostenidos de abstinencia de consumo de sustancias.

De igual forma, el 91% de los que han presentado conductas de delinquir como consecuencia de su enfermedad, no vuelven a mostrarlas una vez comienzan tratamientos.

Al centro llegan personas que solo quieren que les curen las úlceras, pero también se acercan otros decididos a cambiar su vida y reintegrarse a la comunidad.

“No sólo se trata para que salga del uso de sustancias, sino en prevenir, ir reduciendo daños. Comenzamos con intercambio de jeringuillas… Si viene a la curación de úlcera, pero sigue activo en el uso de sustancias, pues no hay problema, comenzamos a trabajar esa área…”, sostuvo, por su parte, el doctor Michelle Aponte, coordinador de Tratamiento Clínico de PITIRRE.

El informe anual (2016-2017) del programa reveló que cuando se trabaja “con un modelo de reducción de daños conseguimos que el 67% de nuestros participantes logren conducta de abstinencia sostenida y reducción significativa”.

Un 41% logró reinserción en los sistemas de familia que habían sido conflictivos o no existentes.

El informe reveló que el 55% de los participantes ha tenido un incremento en sus relaciones interpersonales.

Del total de pacientes que llegan allí, 84% son varones en edad productiva entre 25 y 46 años.

Nazario enumeró que la cocaína es la droga de preferencia de los participantes, seguida por la marihuana, a la par con el alcohol y la heroína, y luego medicamentos como xanax, klonopin y percocet.

Sin embargo, los galenos aceptaron que hay un alza bien grande en el uso del fentanilo, que es un medicamento para tratar el dolor, y que se consigue en la calle, muchas veces adulterado.

“Esta sustancia es peligrosa, porque es 50 veces más potente que la heroína y 100 veces más potente que la morfina”, explicó Nazario al aceptar que “esto nos pone en una situación bastante complicada, porque los pacientes no saben que están usando fentanilo y los exponen a una situación de posibilidad de muerte”.

Según el Instituto de Ciencias Forenses, para el 2017 hubo 60 casos positivos a fentanilo y en lo que va de año, dos; hay otros pendientes a análisis.

En PITIRRE se hizo un programa de vigilancia con 25 pacientes e “increíblemente, un 80% de los que le hicimos la prueba en un periodo de tres semanas dio positivo a fentanilo”, destacó Nazario.